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Dotel Adamirca

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Escuché de un guerrillero al que un mafioso de la zona ya le ofreció hasta 10 millones de pesos al mes (US$3.300) para trabajar para él.

Se meten en un cuarto demasiado chico para tantos. Todavía visten de camuflado y cargan sus armas. Tienen cara de aburridos de tanto viajar.
Del cuarto sale una mezcla de arenga político-militar y discurso emocionado de padre de la novia el día de la boda, pero parado afuera de esa construcción rural convertida en dos oficinitas no se puede distinguir qué se dice.
Empieza a atardecer en La Elvira, una zona rural del municipio de Buenos Aires, en el occidental departamento colombiano del Cauca.
Los 38 guerrilleros en la pequeña oficina estrechan la mano o abrazan a Pablo Catatumbo, comandante del bloque occidental de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, y como todos los que estuvieron negociando la paz entre esta guerrilla y el gobierno -seguramente- un hombre cansado y convencido -o resignado- de que el acuerdo que se firmó en noviembre de 2016 debe cumplirse.

Catatumbo termina de hablar. Brindan a la salud de todos. Las armas quedan arrumbadas en un rincón: AK-47s, M-16s, lanzagranadas, ametralladoras de gran calibre. Algunos de los guerrilleros recién llegados, los más fuertes, son asignados a descargar un camión.
Otros van a reunirse con sus compañeros, a quienes no veían desde hacía 20 días. Hay incluso reencuentros de parejas.
Venían desde el departamento del Chocó, en el noroccidente, en un viaje que fue parte fluvial, parte en carretera. Llegaron en dos coloridas chivas, esos vistosos buses rurales colombianos, portando figuras recortadas tamaño gigante con las efigies de comandantes guerrilleros ya muertos, como la de Alfonso Cano, quien le da su nombre a este bloque de las FARC.
Eran el último grupo de guerrilleros -de un total de más de 300- que debía llegar a La Elvira donde se encuentra una de las 26 zonas y puntos transitorios en los que permanecerán las FARC hasta fines de mayo -si se cumple lo acordado con el gobierno-, mientras dejan las armas e intentan prepararse para la vida civil.

¿Qué pensaría Cano si supiera que desde el Chocó deberían haber llegado 65 hombres y mujeres, pero no fue así porque varios dejaron la guerrilla antes de venir? ¿Y Catatumbo? ¿Estará preocupado de que otros los imiten?

Escuché de un guerrillero al que un mafioso de la zona ya le ofreció hasta 10 millones de pesos al mes (US$3.300) para trabajar para él. Su caso no es único. Ya hubo deserciones y es sabido que las organizaciones criminales de Colombia, grandes y pequeñas, tienen el ojo puesto en la que consideran una mano de obra óptima.

La oferta del capo mafioso representa 14 salarios mínimos en Colombia; el acuerdo de paz les garantiza a los guerrilleros un poco menos de un salario mínimo mensual a lo largo de dos años.
Si no lo está ya, Catatumbo, así como el resto del secretariado de las FARC, el gobierno colombiano y la comunidad internacional deberían estar preocupados.
Especialmente, porque la implementación de lo pactado va lenta: la infraestructura que el gobierno debía edificar en las 26 zonas está lejos de estar lista (en La Elvira todavía faltan semanas de obra); hubo incidentes con la provisión de alimentos; la dejación de armas, que según el acuerdo ya debería haber comenzado, todavía no se inició. Y gobierno y FARC se acusan mutuamente de ser responsables de los problemas.
La situación puede generar dudas, desconfianza, sobre todo entre los guerrilleros rasos.
Llega la noche a La Elvira.
—¿En qué año fue la novena conferencia de la FARC?
Un guerrillero pregunta junto a una pizarra blanca, rodeado por 30 a 50 guerrilleros y guerrilleras que, divididos en equipos, intentan responder para ganar puntos.
Y para matar el tiempo.
—¿Quién era el jefe negociador de las FARC en La Habana?
(Esa la sé, es fácil: Iván Márquez.)
No hay mucho que hacer por aquí para la mayoría de los guerrilleros: las formaciones, cocinar, comer, jugar al fútbol o al voleibol, conversar, dormir.
Demasiado tiempo para pensar en ofertas 14 veces más llamativas que un salario mínimo.
Amanece en La Elvira.
En el cambuche -una choza hecha de palos y plásticos- de al lado se despiertan, y me despiertan, un grupo de cuatro guerrilleras conversando a viva voz.

Una cuenta que el ruido de algún avión o un trueno hizo que su sueño se metamorfoseara en una pesadilla en el que uno de los muchachos que en la noche jugaba a responder preguntas de cultura guerrillera perdía una pierna en un bombardeo e iba a los saltos de un lado para el otro con la que le quedaba.
¿Cuántos aquí tendrán pesadillas recurrentes de morir, de matar, de herir, de ser heridos? ¿Se les quitarán alguna vez?
Entre las actividades del día, además de las rutinarias, hay un curso de enfoque de género. Como me dice un guerrillero -en tercera persona, desmarcándose del prejuicio-: “Es que las FARC son muy machistas todavía”.
No a la hora de asignar lugares para un curso de conducción que el propio grupo insurgente le está dictando algunos de los suyos. De los nueve estudiantes que practican en una camioneta blanca con más ruidos que kilómetros de tanto andar por trochas destrozadas, siete son mujeres.
“Las mujeres han salido más hábiles”, me dice Jean Paul Jiménez, el instructor, un guerrillero que sabe manejar bien y se le midió a la tarea de enseñar.
No es fácil. La camioneta no está equipada para dar clases de conducción y el terreno está lleno de peligros.
No falta el estudiante que se confunde de pedales y no pisa el freno cuando debería.
“Mira hacia ese lado de allá”, señala Jean Paul. A la derecha se abre un abismo de 50 metros.
“Una de las muchachas estaba dando reversa aquí y en vez de frenar aceleró, yo alcancé el freno de mano y a girar la dirección”.
Diana Cepeda frena de golpe. Nadie se asusta (mentira). Está vestida con una camisa roja y negra, lleva unos anteojos de pasta. Parece una típica chica bogotana (si es que eso existe).
—¿De dónde eres, Diana?
—De Bogotá.
Las apariencias no engañan.
“Tenemos un buen instructor”, me dice, y de paso queda bien con el profesor, “que poco a poco nos ha dado a conocer el buen manejo de los motores y ya se puede decir que somos unos Rápidos y Furiosos”.
Cambiar el arma por una camioneta. ¿Será ese el camino?
Ya es de tarde y Diana está en su cambuche limpiando su su fusil.
—¿Tiene sentido seguir cuidando el arma?
—Por un tema de seguridad. En cualquier momentico puede haber un ataque, no puede ser de la fuerza pública, pero tenemos el paramilitarismo a flor de piel y también los grupos disidentes de las FARC.
—Pero en algún momento la vas a tener que dar (antes de fin de mayo se supone que todos los guerrilleros habrán entregado sus armas).
—Sí, hay que esperar a que llegue ese dolorcito de cabeza. Va a doler, porque es el resguardo que hemos tenido durante muchos años para poder existir como FARC y como seguro de vida que tenemos como personas.
(Desde que hablé con Diana, el único herido de bala en La Elvira fue un guerrillero, en un confuso episodio en el que no está claro si se hirió el mismo o resultado de una trifulca con un compañero.)
Diana sabe de heridas, aprendió enfermería en la guerrilla y tuvo que poner en práctica sus conocimientos en más de una ocasión en medio de combates: “Mientras estás suturando, plomo va para un lado, disparos de un lado a otro, sudando frío”.
“Sería lo único que no extrañaría de la guerra”, dice (¿podrá deshacerse de sus pesadillas?).
Quiere estudiar medicina forense o criminalística: “Me ha gustado desde que empecé a ver CSI”.
Esperando que lo llamen para sumarse al grupo de aprendices de conducción está Daniel. No es la primera vez que lo veo, lo había conocido en 2016, cuando visité un campamento de la FARC en el río Naya, muy cerca de la costa pacífica, a cinco días de caminata de La Elvira.
En ese entonces Daniel leía un libro de la revolución cubana, ahora está con tres sobre sobre Ciro Trujillo, uno de los fundadores de las FARC. ¿Literatura revolucionaria al borde de dejar las armas?
“Quiero darle la oportunidad al partido que surja (de las FARC) después de los 180 días que vamos a estar acá, la revolución todavía no se ha acabado y hay que seguir”, me dice.
Parece tenerlo muy claro. Sin embargo Daniel, como muchos acá, también tiene la sensación de estar en una especie de limbo: “Estoy pensando muchas cosas a la misma vez, porque uno no sabe qué se viene”.
“Ando un poco ‘azarao’ (nervioso)”. Dice que la causa es el amor: “Yo creo que es por la novia, porque está lejos y no tengo contacto para comunicarme con ella”.
La muchacha es civil, la conoció cuando hacía misiones fuera del campamento. El padre de ella es militar.
Cuando visité el campamento de Daniel en 2016 me quedó la pregunta de si los guerrilleros realmente estarían en condiciones de entrar a una vida civil en la que las decisiones estarían en sus manos y ya no en las de un superior.
Se lo planteé a Diana. Ella tiene claro que los superiores dejarán de serlo, que ya no podrán dar órdenes, que tendrán que pedir por favor. “Ya vamos a dejar de ser sujetos militares”.
También tiene claro que no será fácil: “La guerra nos ha dejado atrofiados a todos; es culpa de uno como persona e igualmente es culpa del mando, porque estábamos dedicados a la guerra, la guerra, la guerra”.
Tenerlo claro, como parece que lo tiene Diana, puede ser un primer paso para encarar el desafío que se viene para los guerrilleros y para los colombianos.
No es seguro que para todos sea tan fácil.
Cuentan que una vez un narco le ofreció a un alto comandante de las FARC 50 millones al mes para trabajar con él; “lo mandé a la mierda”, dicen que fue su respuesta. Al cambio de hoy serían casi US$17.000.
El muchacho al que le ofrecieron los 10 millones de pesos al mes le dijo al mafioso que no, que por ahora no estaba interesado.
Que se mantenga firme en esa decisión, que la gran mayoría lo haga, que como ese comandante los puedan “mandar a la mierda” cuando los intenten atraer con dinero, será una buena medida del éxito del proceso de reintegración de los guerrilleros en el marco del acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno.
Mientras tanto, vuelve a caer la noche en La Elvira.

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Pues según la consultora estadounidense Mercer, la urbe donde sus habitantes viven mejor en todo el planeta es Viena, la capital de Austria.

Pues según la consultora estadounidense Mercer, la urbe donde sus habitantes viven mejor en todo el planeta es Viena, la capital de Austria.

La ciudad quedó otra vez primera, como en siete ocasiones anteriores, entre 231 ciudades evaluadas en distintos países.
Según la consultora, especializada en recursos humanos, Viena tiene las mejores calificaciones en “facilidad para transportarse, estándares sanitarios, seguridad para sus habitantes y acceso a los servicios públicos”.

La lista es elaborada principalmente para compañías internacionales con el ánimo de señalar cuáles son las ciudades más adecuadas para enviar a sus empleados como expatriados o para establecer nuevas sedes o sucursales.

La mayoría de las ciudades que ocupan los primeros lugares están ubicadas en Europa, que “a pesar de los tumultuosos últimos meses y la incertidumbre económica, mantiene sus altos estándares en cuestiones como seguridad y acceso a servicios públicos”, señaló el presidente de Mercer, Ilya Bonic.
En los siguientes lugares están Fráncfort (Alemania), Ginebra (Suiza), Copenhague (Dinamarca), y empatadas cerrando el top 10 Basilea (Suiza) y Sídney (Australia).
En América Latina, el listado lo lidera, de nuevo, Montevideo: la capital uruguaya se encuentra en el puesto 79, seguida de Buenos Aires (93) y Santiago de Chile (95).
Slagin Parakatil, investigador de Mercer, le explicó a BBC Mundo que hay disparidades importantes entre los distintos países, que explican por qué Montevideo ocupa un puesto más alto que otras ciudades de la región.
Por ejemplo, la contaminación es un problema importante en Santiago y “en Argentina, por ejemplo, pesaron en los últimos años los factores de manifestaciones, agitación política e inestabilidad económica”.
“Lo mismo se aplica a Brasil, donde en ciudades como Río o Sao Paulo otro factor de peso es la inseguridad ciudadana”, añadió Parakatil.
Las peores
El informe también incluye en su listado a las ciudades con peor calidad de vida en el mundo. Y nuevamente Bagdad, la capital de Irak, está al final de la tabla, en el puesto 231.
Además de Bagdad, entre las peores calificadas están Bangui (República Centro Africana), Saná (Yemen), Port au Prince (Haití), Jartum (Sudán del Sur), Yamena (Chad), Damasco (Siria), Brazzaville (Congo), Kinsasa, (República Democrática del Congo) y Conakry (Guinea).
Respecto a las mal puntuadas en países de América Latina, Port au Prince (Haití) ocupa el puesto 228, La Habana (Cuba) se ubica en el número 192 y Caracas (Venezuela) ocupa el 189
Calidad de vida
Ránking América Latina
79. Montevideo (Uruguay)
93. Buenos Aires (Argentina)
95. Santiago (Chile)
97. Ciudad de Panamá
109. Brasilia (Brasil)
110. Monterrey (México)
110. San José (Costa Rica)
115. Asunción (Paraguay)
118. Río de Janeiro (Brasil)
121. Quito (Ecuador)
121. Sao Paulo (Brasil)
124. Lima (Perú)
127. Manaos (Brasil)
128. Ciudad de México
129. Bogotá (Colombia)
139. Santo Domingo (República Dominicana)
147. Puerto de España (Trinidad y Tobago)
157. La Paz (Bolivia)
174. Managua (Nicaragua)
183. El Salvador (El Salvador)
188. Tegucigalpa (Honduras)
189. Caracas (Venezuela)
192. La Habana (Cuba)
228. Port au Prince (Haití)

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Los recitales del Indio no tienen semejante en América Latina

Esto es una locura, ya no sabemos cómo llamarle”, decía el Indio Solari, cuando despedía a las 350.000 personas que gritaron y lloraron al son de sus canciones este sábado.
Era la más reciente versión del “pogo más grande del mundo”, un baile masivo de choques, saltos y empujones.

El músico argentino, un ícono que suscita comparaciones con Perón y Maradona, se refería al caos que generó este esperado concierto, quizá el último que dé debido al Parkinson que le descubrieron a sus 68 años, y a los resultados que dejó: dos muertos, decenas de heridos y una consternación nacional por una tragedia para muchos esperable.

Los recitales del Indio no tienen semejante en América Latina: son un ritual al que cientos de miles de argentinos de todo el país asisten con la fidelidad y energía que un devoto religioso va a su templo fundacional.

Los conciertos, no en vano, se suelen llamar “misa ricotera”, en referencia a la banda más famosa de Solari: Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, baluarte del rock argentino en los 80 y 90.
Los recitales no son promocionados, ni son frecuentes, y se hacen en lugares recónditos del país: el de este sábado fue en Olavarría, un pueblo de 100.000 habitantes a 400 kilómetros de Buenos Aires capital.
Un pueblo para el que albergar 350.000 personas en busca de beber y comer y cantar ha sido el desafío más grande de su historia.
Pueblo tomado por el Indio
Desde hace una semana, los ricoteros empezaron a llegar a Olavarría en buses, camionetas y a pie para llevar a cabo el ritual, que va mucho más allá del recital en sí.
Las carpas donde se alojaron estaban por todo el pueblo: andenes, orillas del río, potreros, rotondas y patios de casas. Y las parrillas y puestos de comida que les servían de cocina también, convirtiendo a Olavarría en una humareda día y noche. Con olor a carne.
Los ricoteros pasaron los días previos al concierto comiendo choripan, tomando cerveza “más fría que un abrazo de Mauricio Macri”, bebiendo el tradicional fernet con Coca servido en botellas de dos litros cortadas por la mitad y cantando, en clave de barra brava de equipo de fútbol, los himnos del Indio.
Aunque el ambiente es festivo y familiar, el público ricotero es reconocido por hostil y los tragos y drogas son como leña en el fuego.
“Unos borrachitos”
Las autoridades informaron que las dos personas fallecidas tras el concierto sufrieron paros cardiorrespiratorios traumáticos.
Y no es difícil imaginarse que en medio de una avalancha saltarina de cientos de miles de personas con tragos, sin agua y con la escasa presencia de personal de control, alguien sufriera un paro.
El espectáculo tenía boleto único (de unos US$50), por lo que moverse de un lado a otro era más sofocante que quedarse entre las masas.
Cada cinco minutos se oía de alguien desmayado. Las familias con niños, las personas de edad y los discapacitados estaban inmersos en el caos como cualquier otro.
El momento de mayor tensión llegó al fin de la tercera canción.
“Los que están borrachitos por favor váyanse para atrás”, pidió el Indio, calvo, flaco, de gafas oscuras y vestido con un overol.
“Hay gente que está tirada en el piso y la están pisando (…) ¿Se entiende lo que estoy diciendo?”, preguntaba, obstinado.
“Gracias a Dios y desgraciadamente se junta mucha gente y no se puede controlar esto”, volvía a quejarse.

El concierto estuvo detenido por media hora. Luego se reanudó y logró terminar, pero con frases agrias del Indio como “ya no me quedan más ganas de esto”.
Al día siguiente, entre los asistentes había consenso en que había demasiado descontrol: a muchos que pagaron entrada no se la pidieron y otros cuantos entraron sin ésta.
La ecuación parecía destinada al colapso: ¿qué puede pasar en un pueblo de 100.000 habitantes cuando recibe 350.000 personas en lugar de las 200.000 esperadas?
El intendente de Olavarría, Ezequiel Galli, dijo que la alcaldía estaba preparada para recibir 200.000 personas. “No imaginábamos que llegaran tantos”, aseguró.
“La justicia tiene que determinar cuántas entradas se vendieron y cuántas personas había en el lugar y cuál es la responsabilidad de la producción (…) si incumplió o no con las personas que ingresaron”, indicó en rueda de prensa.
Solari emitió un escueto comunicado el domingo acusando a los medios de “vender pescado podrido”, pero no se pronunció sobre los dos muertos confirmados por las autoridades.

La resaca estaba en cada rincón de Olavarría el domingo: gente dormida y magullada en las aceras, hospital en emergencia, familias buscando desaparecidos, salidas del pueblo atascadas y una terminal de bus colapsada porque miles perdieron su viaje de vuelta.
Los vecinos hablaban de una “desprotección” notable después del concierto, cuando cientos de asistentes se subieron a los techos de las casas vecinas al predio porque no podían avanzar hacia otra zona de la ciudad.
Muchas cercas que delimitaban los accesos y salidas fueron tumbadas y no había nadie que las pusiera de vuelta en su puesto u organizara la movilidad: el personal de seguridad era limitado y no había policía; o, si había, no estaban por ningún lado.
La esencia del ricotero
Tras un recital de Los Redondos en Buenos Aires el 19 de abril de 1991, Walter Bulacio fue brutalmente golpeado por la policía, que lo había detenido para investigarlo. El joven de 17 años murió 5 días después y se convirtió en un mártir del ricoterismo.
“A partir de ahí se desarrolló una pica (pelea) muy fuerte entre la policía y los seguidores del Indio”, le dice a BBC Mundo Humphrey Inzillo, periodista musical y editor de la revista Brando.
Llevar policía a un evento como este, supone la lógica ricotera, es peor que no traerla.
“Ser ricotero es como un modo de plantarse frente al mundo, en contra del establecimiento, rebelde (…) el Indio logró que los llamados desangelados, pibes de barrios muy pobres, encontraran en su música algo que los conmovía y les daban explicaciones”, explica Inzillo.
Desde los 80, la antes rica Argentina se ha ido convirtiendo en un país tan pobre como sus semejantes de América Latina: hoy tiene 32% de pobreza, según cifras oficiales.
Y los pobres, que encontraron un padrino en la figura de Juan Domingo Perón en los 50, 60 y 70, han estado huérfanos desde entonces, coinciden historiadores.
Cristina Fernández de Kirchner, que intentó suplir ese vacío, fue la primera presidenta que el Indio apoyó abiertamente. Solari nunca se politizó del todo y sus seguidores son de todas las clases sociales.
Pero la cultura ricotera es como elperonismo de la música: muchas de las banderas, camisetas y afiches que vendían en Olavarría este fin de semana celebraban a Perón, Evita y Kirchner.
Por qué es tan importante
“Nada más argentino que esto”, me dijo Gaston Carrizo, un fanático que vino de Isidro Casanova, a 350 kilómetros, con un grupo de 300 militantes de un gremio barrial y con una bandera gigante de Argentina con otra frase famosa del Indio: “El que abandona no tiene premio”.
“Quiere decir que hay que luchar hasta el fin y si no lo haces no mereces respeto”, explica, con su bandera explayada sobre un piso de barro que se extiende por unas 10 hectáreas.
La historia del Indio sirve como ilustración de la historia reciente de Argentina.
Crecióen La Plata, una ciudad estudiantil con tradición de rebelde que durante el régimen militar de los 70, cuando el Indio estaba en sus 20, sufrió una fuerte represión.
El Indio, que en ese entonces era un estilo de hippie intelectual algo esotérico, hacía encuentros clandestinos donde se tocaba música, se hacían obras de teatro y se comían bolitas de queso ricotta entre gallinas sueltas y humaredas de marihuana.
Los Redondos se forma entre la clandestinidad de grupos educados, pero en los 80, con el auge del rock argentino, se convierte en un fenómeno de masas.
Sin embargo, el estilo piratesco no se pierde, sino se exacerba: los Redondos no dejaban que los grabaran para televisión, daban muy pocas entrevistas, producían sus discos de manera independiente y mantenían un perfil hermético, misterioso.
“Y todo eso alimentó el misticismo del Indio”, añade Inzillo.
El Indio es tan famoso como Perón o Maradona en Argentina, pero por fuera con esfuerzo lo conocen en Uruguay.
“En una entrevista, el Indio me dijo una vez, jactándose, que él no hacía lo de los ‘Fabulosos pedorros en Guatezuela'”, recuerda Inzillo, en referencia a la banda Los Fabulosos Cadillacs, famosa en toda la región.
“Sus letras, pese a ser muy crípticas, logran impactar una fibra muy íntima que provoca cosas impresionantes, emotividad, y se convierten en himnos argentinos que se te meten en la piel”, dice el crítico musical.
Se levantan con “el himno”
Si es poco probable que tras los eventos del sábado el Indio se vuelva a presentar en concierto, también es improbable que por esto deje de ser un símbolo que permite a millones sentirse parte de una colectividad. Las raíces son profundas.
Justo antes de empezar el concierto hablé con Maxi Acevedo y su esposa, quienes han ido, orgullosos, a 13 recitales del Indio y Los Redondos sin importar dónde sean.
Este es el primero al que asiste su hijo menor, mientras que la mayor, de 14 años de edad, ha ido a cuatro.”Esta es nuestra tradición familiar”, me dice mientras señala su tatuaje del Indio.
“Nosotros nos levantamos por la mañana y ponemos el himno de Los Redondos”, asegura, en referencia a la canción “Jijiji”.
Acevedo sigue hablando eufóricamente, emocionado, pero sus hijos menores lo interrumpen. “Vamos vamos, papá, que ya va a empezar”, le dicen.
Los niños de 5 y 6 años quieren estar en “el pogo más grande del mundo”. Y de primeras.

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Cerealitas, unas galletas de arroz, que se encontraron 26% más baratas fuera.

A la salida de los aeropuertos se podía ver: los argentinos que regresaban al país tras sus vacaciones aprovecharon para comprar.
Se les veía con televisiones y bicicletas, y un equipaje robusto dentro del cual traían víveres y ropa y, paradójicamente, alfajores argentinos.

Porque muchos de los bienes que los viajeros encontraron más baratos fuera del país, para su sorpresa, eran producidos en Argentina.

Por ejemplo el Mantecol, un turrón típico de Argentina, cuesta el equivalente a 21,35pesos argentinos (US$1,35) en Santiago de Chile y $21,35 (US$1,33) en Montevideo, pero $33,85 (US$2,11) en Buenos Aires, según una pesquisa del diario porteño Clarín.
Ocurre igual con Cerealitas, unas galletas de arroz, que se encontraron 26% más baratas fuera. Así como la leche (21%) y el queso (8%) y el desinfectante (24%) y un largo etcétera.
La razón no solo ilustra el momento que traviesa la economía argentina, sino los viejos y estructurales problemas económicos que, pese a los intentos y promesas, ningún gobernante en la historia reciente del país ha podido solucionar.

Derechos de autor de la imagenAPImage captionEste miércoles Macri inauguró las sesiones del Congreso en un discurso en el que prometió, de nuevo, cambiar al país de raíz.
Lo actual: el dólar
Desde que Mauricio Macri levantó hace 15 meses el control cambiario impuesto por el gobierno anterior, el peso argentino se ha mantenido estable respecto al dólar.

Mientras que la inflación del año pasado rondó el 40%, según cifras oficiales, el dólar apenas subió un 15%.
Muchos analistas hablan de un dólar “atrasado” que afecta a los exportadores, pero tanto el Banco Central como el gobierno han reiterado su tranquilidad ante esta rara estabilidad cambiaria.
Dos de las principales medidas económicas de Macri, un exempresario considerado “amigo del mercado”, son incentivos directos de esta inmovilidad del dólar.
Por un lado el gobierno ha emitido deuda externa para financiar el déficit y gasto público, y por el otro lanzó un esquema para repatriar los ahorros de quienes los sacaron del país en medio de las crisis.
Así, con un dólar barato y precios disparados, cada vez se ha vuelto mejor negocio comprar por fuera del país.

Derechos de autor de la imagenAFPImage captionTodo bien de consumo debe ser sujeto a un estudio de mercado para comprarlo en Argentina.
Lo de toda la vida: los costos
Pese a esto, algunos expertos creen que la distorsión de precios de los productos argentinos se da con o sin dólar barato.
No es la primera vez que se ven estas disparidades en un país que lleva décadas cambiando de modelo económico –de extractivismo a sustitución de importaciones– cada 4 u 8 años.

Muchos argentinos, que tras años de inflación y devaluaciones se han vuelto expertos en el tema, suelen citar con rabia el famoso dato de que los alimentos cuestan siete veces más en el supermercado que en el lugar de producción.
“Ni tres ni cuatro veces, ¡siete!”, reiteran en sus diatribas sobre economía, que suelen culpar a los supermercados de “especular” con los precios.

Derechos de autor de la imagenAFP/EITAN ABRAMOVICHImage captionLa inflación no es cosa nueva en Argentina y ha generado todo tipo de prácticas que distorsionan la venta.
Pero Juan Vasco, director de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), niega que sean ellos quienes disparan los precios.
“Nosotros no fabricamos los productos y estamos sujetos a cargas impositivas y costos laborales que con dificultad encuentras en otros países”, le dice a BBC Mundo.
En la cadena de producción, distribución y comercio en Argentina sedeben pagar impuestos municipales, provinciales, nacionales, a las ganancias, al cheque y a las transferencias bancarias, entre otros.
Además, la mano de obra es una de las más caras de la región, según cifras del Banco Mundial.
Vasco explica que los supermercados solo representan el 35% del comercio, al que se añaden los almacenes y los llamados “chinos”.

El 70% de los trabajadores de esos pequeños comercios, según un estudio de la consultora porteña ABECEB, están contratados de manera informal.
“La población que aporta (impuestos) es mínima, así que quienes aportamos estamos exprimidos”, explica.

Derechos de autor de la imagenAFP/EITAN ABRAMOVICHImage captionPromociones de todo tipo para comprar más barato son tan abundantes y complejas que comprar es un trabajo de tiempo completo.
No se sabe el valor real
Gabriel Martini, quien dirige el podcast El Economista del Medio, hizo durante años análisis de precios de supermercados para una consultora en Buenos Aires.
“Los argentinos hace tiempo que dejaron de conocer el valor real de las cosas que consumen a diario”, asegura.
Una zanahoria puede costar 5 acá, 15 en la esquina y 20 a una cuadra.
“Los precios en sí mismos son un complejo entramado de elevados costos de producción y comercialización (transportes, alquileres, sueldos) y márgenes de ganancia empresarial a veces exorbitantes”.
“A eso añade los complejos mecanismo de financiación”, indica.
Hace un mes el gobierno lanzó un plan para regular los esquemas de promociones de los comercios, que no publicaban las tasas de interés y cobraban más por pago de contado que por cuotas.
Aún así, cuando uno llega a un supermercado en Argentina todavía se encuentra con decenas de folletos, carteles y planes sobre promociones que en teoría abaratan la compra, pero según Martini sólo disfrazan un precio de por sí ya es alto.
Más fácil, y más barato, comprar en un país vecino.

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Les pagó un millón de bolívares mediante un intermediario

Santiago Allio Torres, un veinteañero amante de las juergas nocturnas, febril jugador de fútbol sala, entusiasta de los carros de lujo y los viajes al exterior, cometió tres errores antes de contemplar el cadáver tiroteado de su padre.
Pronto, serían su condena.
Aquella mañana del 24 de febrero pasado, dos criminales sorprendieron a Bruno Allio Bonetto, empresario ítalo venezolano de 59 años, dentro de su camioneta -una Jeep Cherokee, color negro reluciente, del año 2014-.
Antes de salir del estacionamiento de su edificio, el Murano, sintió el cañón de una Beretta empuñado contra su costado derecho y escuchó una voz “malandra” a sus espaldas.
“Quédate quietecito, que esto es un atraco”.
Nervioso, aceleró a fondo el vehículo, chocando contra el portón de un conjunto residencial frente a su vivienda. Dos disparos lo frenaron en seco por la retaguardia cuando intentó escapar.
Su cuerpo yacía boca arriba sobre el asfalto, inerte, al lado de su camioneta, mientras detectives, patrullas, vecinos y familiares atestaron la avenida 3C del sector Don Bosco, zona de alcurnia enclavada en el norte de Maracaibo.
Santiago, alias “Brunito”, sujetaba por la cintura a una señora trigueña que gritaba, pataleaba y lloraba en desespero. Era la prometida de la víctima, con quien se casaría dentro de unas pocas semanas.
El joven nunca exhibió conmoción ni llanto. Estoico, mostró más interés en saber si en el área había cámaras de vigilancia operativas.
Terrible actor, torpe asesino
“Brunito”, el mayor de los hijos de Allio Bonetto -su hermano menor vive en Italia junto a su madre, divorciada de la víctima hace 8 años- fingió un desmayo. Aquella performance, propia de un actor en decadencia, alimentó la suspicacia.
“Ahí mismo se activó nuestro olfato”, le contó luego a BBC Mundo uno de los “sabuesos” de la División de Homicidios.
Las pesquisas revelaron en 12 horas un complot ejecutado con torpeza. “Brunito” había introducido a los dos sicarios dentro del vehículo de su padre gracias a un control remoto de repuesto.
Él mismo había robado y entregado la pistola calibre 9 milímetros del empresario a los asesinos para que le quitaran la vida.
Fue él quien rescató a los gatilleros en su camioneta, una Ford F-150 roja, a tres cuadras del homicidio.
Confesó. Dos semanas atrás había coordinado el atentado: los asesinos a sueldo simularían un robo para heredar su millonaria fortuna.
Contrató a dos jóvenes de 18 y 17 años, residentes del sector Cerros de Marín, una especie de favela marabina.
Les pagó un millón de bolívares mediante un intermediario, apenas 250 dólares del mercado negro de divisas de Venezuela.
Modalidad en auge
El de Bruno Allio Bonetto fue uno de siete sicariatos ocurridos en Maracaibo la última semana de febrero. Registros policiales y académicos reflejan un fuerte aumento de los asesinatos a sueldo entre 2016 y 2017.
Por la naturaleza de estos delitos, es difícil obtener números exactos, pero la División de Homicidios del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC) investigó entre 15 y 20 asesinatos por encargo tan solo en enero. Ello representa un incremento de hasta 600 % en la región respecto del año anterior.
Entidades fronterizas con Colombia viven un repunte de ese combo de violencia, extorsión y sicariatos.
Las disputas sindicales también son móviles de homicidios por encargo en otros estados, como Barinas y Bolívar.
Roberto Briceño León, sociólogo y director de la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), explica que el aumento de la motivación para matar favorece el auge del sicariato.
“Hay impunidad judicial e imposibilidad de resolver los conflictos a través de las leyes. Se resuelven por la fuerza”.
Entre los expedientes del Observatorio reposan 280.000 informes de homicidios desde 1999. Los números certifican que hay disponibilidad de sicarios.
“Estamos hablando de miles de individuos que ya han matado en Venezuela. Pueden hacerlo por robo o por peleas entre bandas, pero también ofrecen sus servicios”, afirma Briceño León.
El criminólogo Luis Izquiel explica que el asesinato a sueldo se importó de Colombia. Era una práctica atípica en la Venezuela de hace 15 años.
Pero su frecuencia ha sido tan vertiginosa que obligó al Estado a catalogarlo en 2009 como un delito específico en la Ley Contra la Delincuencia Organizada, estableciendo una pena máxima de 30 años para los victimarios.
Izquiel puntualiza que el modus operandi ha escalado en la misma medida en que trepa el número de armas de fuego en Venezuela.
El ex ministro de Interior y de Justicia Jesse Chacón cifró esa variable en seis millones hace 11 años.
Y en 2011, el entonces diputado del PSUV y hoy vicepresidente del Tribunal Supremo de Justicia, Juan José Mendoza, afirmó que en el país existían entre 9 y 15 millones.
En Venezuela habría un arma de fuego por cada dos habitantes.
Memoria del crimen
Sicariatos icónicos reposan en los archivos criminales que ha acumulado Venezuela durante décadas.
A las 2:10 de la tarde del 28 de julio de 1978, tres integrantes del Grupo de Apoyo Táctico Operativo de la Policía Técnica Judicial tirotearon al abogado dentro de su carro en la avenida Andrés Bello de Caracas.
Veintisiete funcionarios recibieron condenas por el crimen.
Manuel Molina Gásperi, director de la PTJ, murió en un accidente antes de que realizaran el juicio por su presunta autoría intelectual.
Otro caso emblemático es el del líder de la cárcel del estado Bolívar, conocido como “Wilmito”, que en 2010 mandó a matar a Mariela Casado, presidenta del Circuito Judicial local.
Pero sus emisarios liquidaron por equivocación a María Gabriela Casado, su hermana y profesora de la Universidad de Oriente.
La jueza emigró. Al autor material lo hirieron de bala a mediados de febrero pasado cuando disfrutaba con su familia en un balneario de Nueva Esparta -debería haber estado tras barrotes cumpliendo condena-.
Matar por menos de 5 dólares
Un comisario con 22 años de experiencia en investigaciones de homicidios aceptó hablar con BBC Mundo sobre los sicariatos en Venezuela pidiendo el ocultamiento de su identidad por motivos de seguridad.
Precisó que el delito lo ejecutan tradicionalmente los llamados “coco seco”, muchachos menores de 25 años que consumen drogas o psicotrópicos antes y durante la acción criminal.
El fenotipo actual es una evolución del asesino a sueldo de la era del Imperio Romano, donde echó raíces la etimología del sicario.
“Sica” era la daga o espada que los homicidas de Judea podían fácilmente esconder bajo sus ropas. Hoy, el arma preferida escupe balas de alto calibre.

Hubo un homicida a sueldo en Los Puertos de Altagracia que el año pasado cobraba 5.000 bolívares por objetivo, menos de 5 dólares, según la tasa del mercado negro de entonces.
El detective lamenta semejante cuadro de descomposición social.
“Esa sí es una mano de obra barata”.
Protagonista de páginas judiciales
No es la primera vez que “Brunito” aparece en la prensa.
El diario digital Noticia Al Día desempolvó en estos días un par de noticias de 1992 y 1993 donde se mencionaba a su familia.
Publicaron que el pequeño Santiago, entonces de 2 años, era hijo de un vientre de alquiler, concebido por una mucama que trabajaba para el empresario italiano y su pareja.
La madre natural de Santiago sufrió un accidente y denunció que la esposa de Bruno Allio la había empujado por unas escaleras. Reprochó además el impago por parte de los padres contratantes.
Aquel “Brunito” de las páginas judiciales de hace 25 años hoy encara una condena de 30 años de cárcel.
Aguarda su juicio, hacinado junto a 25 presos en un calabozo de seis metros de ancho y ocho de largo en el CICPC Zulia.

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La Organización Mundial de la Salud considera a la polución del aire una de las amenazas más dañinas para la salud.

No se ve y por eso es peligrosa: la polución del aire presente en la mayoría de las ciudades del mundo tiene un efecto directo en la salud.

Las partículas de materia microscópicas, gran parte provenientes del tráfico, se conocen como PM2, 5.

Son tan pequeñas que pueden llegar directamente a los pulmones y al torrente sanguíneo, causando problemas cardíacos y respiratorios.

Pero los científicos temen otro efecto. Según las investigaciones más recientes, estas partículas diminutas también podrían llegar directamente hasta el cerebro a través de los nervios nasales.

La Organización Mundial de la Salud considera a la polución del aire una de las amenazas más dañinas para la salud.
Y lo alarmante es que la mayoría de las ciudades superan el límite recomendado por esta organización de calidad del aire.

La OMS recomienda que la concentración de materia particulada fina no pase de 10 microgramos por metro cúbico de aire como media anual.
Las principales ciudades de América Latina -como Ciudad de México, Buenos Aires, Bogotá, Caracas, Lima o Sao Paulo- tienen índices de material particulado (PM) muy por encima de los valores recomendados.

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Quienes tienen emetofobia pueden restringir sus dietas

A nadie le gusta vomitar, pero el desagrado que siente Hannah Ellis es de otro nivel: la mera idea la aterra de tal manera que asegura que le da miedo el pollo y entra en pánico si alguien cercano empieza a devolver.

Esta universitaria de 19 años de Sheffield, Inglaterra, padece emetofobia, una condición que en Reino Unido se estima que afecta a miles de personas.

Quienes tienen emetofobia pueden restringir sus dietas, evitar comer o incluso evitar el embarazo por temor a sufrir náuseas.
A Hannah no le importa comer pasta con tomate cuatro días seguidos si así puede evitar la posibilidad aterradora de ponerse mala del estómago, algo que asocia a comer pollo o a recalentar comida.

“Mi fobia a vomitar, solo decir la palabra ya me revuelve el estómago, dictamina casi cualquier aspecto de mi vida”, admite.
Miedos cotidianos
Hubo una época en la que Hannah evitaba comer en general y durante la secundaria nunca quería ir a comer a casa de sus amigos.
Ahora trata de no hacerlo fuera de casa.
Siempre guarda el pan en el congelador por si acaso se pone enmohecido.
“Tiro a la basura cualquier cosa que abrí hace dos días si la etiqueta dice que así hay que hacerlo”, le dijo a la BBC.
“Si salgo por la noche no bebo demasiado y si mis amigos se ponen malos no puedo ayudarlos”.
“Si mi novio, mis amigos o alguien de mi familia vomita, nunca pienso ‘¿están bien?’. Mi primera reacción es: “Dios mío, ¿voy a vomitar yo?’. Y eso me hace sentir culpable”.
Y aunque Hannah sueña con ir de viaje a Tailandia de momento no puede planteárselo.
Un trauma a los 10 años
Todo empezó cuando, a los 10 años, sufrió una intoxicación alimentaria durante unas vacaciones en Egipto.
“Ahora todo eso lo tengo bloqueado”, admite.
Desde entonces, no volvió a vomitar. De eso han pasado ya nueve años.
“Tuve suerte porque la hija de unos amigos de la familia también lo tuvo (emetofobia). Le dijo a mi madre lo que era y que tenía un nombre”, recuerda Hannah.

“Los médicos a los que fui dijeron que tenía ansiedad pero yo no soy una persona ansiosa, sólo le tengo miedo al vómito. Me mandaron a terapia, pero no me ayudó, pensaron que era algo más profundo”, agrega.
“Hice hipnosis pero no me ayudó, quizás soy demasiado cínica. He encontrado mi propia manera de lidiar con ello, todo el día intento no pensar en ello y sigo adelante con mi vida”, asegura.
“Ahora solo entro en pánico cuando hay alguien al lado que vomita y me dan ganas a mi, o cuando me dan arcadas”.
“Pero a veces me pregunto si lograré alguna vez tener mi propia familia, porque no puedo siquiera pensar en la posibilidad de tener náuseas, o de que mis hijos devuelvan”.
“También me gustaría algún día viajar sin tener miedo”.
Afecta más a las mujeres
Además de restringir sus dietas o dejar de comer, quienes tienen emetofobia pueden negarse a ir al colegio o a trabajar si saben que hay un virus dando vueltas que genera vómitos.
“Es realmente debilitante”, explica Nicky Lidbetter, director ejecutivo de la organización británica sin ánimo de lucro Anxiety UK.
“Conozco a mujeres que no han sido madres por esa condición”, añadió.
No existen cifras concretas sobre cuánta gente tiene emetofobia debido a la falta de estudio, la falta de diagnóstico y a los diagnósticos erróneos.
Pero en Reino Unido se estima que hay miles de afectados y que el 80% de los mismos son mujeres.
“Creemos que es porque las mujeres son más proclives a tener miedo de las ramificaciones sociales de vomitar”, explica Lidbetter.
Diagnósticos erróneos y tratamiento
Pero no hay un perfil definido de la fobia, le dijo a BBC Mundo Alexandra Keyes, una investigadora de emetofobia de la universidad londinense de King´s College.
En los tipos de fobia está clasificada bajo la categoría de “otras”, dice Keyes.
“Eso no ayuda a los médicos clínicos, ya que pueden diagnosticar erróneamente a alguien con emetofobia como si tuviera un trastorno alimenticio o un trastorno obsesivo-compulsivo”, explica.
La emetofobia normalmente emerge después de que alguien pasa por una experiencia traumática relacionada con el vómito, especialmente durante la infancia.
La terapia cognitiva de comportamiento es la forma de tratamiento más común, aunque también se puede intentar tratar con hipnoterapia.

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"Me adormeció el cuerpo, pero estaba consciente"

“Con el primer orgasmo mi vida cambió”.
Eso dice la mexicana Edelmira Cárdenas.
Todo empezó siendo adolescente, cuando un primo hermano mayor que ella la sedó con una sustancia que hoy no identifica y la penetró.
“Me adormeció el cuerpo, pero estaba consciente”, matiza.

“Y me pasó lo que a la mayoría que sufren abuso sexual, que quien lo perpetró fue alguien cercano”.
El “sello de garantía”
Efectivamente, no son pocos los informes que respaldan esa afirmación.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), que afirma que a nivel mundial por lo menos una de cada cinco mujeres son objeto de violación o intento de violación en el transcurso de su vida, señala en su Estudio multipaís de 2013 que entre el 6% y el 59% de las entrevistadas sufrieron violencia sexual por parte de su pareja.
“Era alguien que decía que me amaba, parte de la familia, y quedé totalmente traumatizada”, prosigue su relato Cárdenas.

“Perdí mi virginidad, mi sello de garantía, y ya no era ‘digna para el matrimonio'”.
Todo eso se lo guardó para sí misma, sin atreverse a contárselo a nadie.
Todo menos el cuerpo
Tampoco se lo dijo nunca a su primera pareja, con quien empezó a salir a los 18 años.
“Vivía al otro lado del país, así que era difícil que tuviéramos contacto físico”, explica.
“Nos comunicábamos con cartas, eso sí, llenas de erotismo, que hacían volar mi imaginación”, recuerda.
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Cuando se juntaban, aderezaban sus reuniones con velas, flores, y así, a través del tacto y los olores, fue despertándose poco a poco su deseo.
“Pero no lo dejaba tocarme el cuerpo”, subraya.
Y la prohibición también era para ella: “No me permitía tener placer”.
En ese tiempo empezó a trabajar en el gobierno de su estado natal, porque quería dedicarse a las políticas sociales.
“Y allí me encontré con el acoso sexual, lo que me recordó mi primer abuso, y otra vez me obligué a adormecer mi sexualidad”, relata la mexicana, hoy sexóloga y comunicadora -algo en lo que el haber sido víctima de abuso sexual tuvo mucho que ver, reconoce.

Pero siguió sumergiéndose en la literatura erótica, leyendo sobre el feminismo y dando charlas para mujeres que habían pasado por lo mismo que ella.
Rosas y aromas
Con su segunda pareja, a los 20 años, las caricias dieron paso a otras cosas.
“Y cuando llegó el acto sexual completo, lo llevó a otro nivel, con palabras bonitas, pétalos de rosas y aromas, y todo eso disipó mis miedos”.
Aunque reconoce que no tomaba la iniciativa, porque no quería que él supiera “que tenía experiencia”.
“No quería que me preguntara ‘¿Quién te lo enseñó?'”, reconoce.

Así, el gran paso hacia la reconciliación con su propio placer fue cuando empezó a masturbarse.

“Es que, a pesar de todo, nunca había tenido un orgasmo”, dice.
Y provocárselo a sí misma fue fundamental, asegura.
Rechazo al sexo e hipersexualización
Luz Jaimes, médico, terapeuta sexual y secretaria de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual, ha conocido muchas historias como la de Cárdenas.
“Los casos de mujeres con disfunciones sexuales que acuden a nosotros después de un abuso son más frecuentes de lo que uno se pensaría”, le dice a BBC Mundo.
“Las que lo consultan inmediatamente después del suceso suelen ser generalmente adolescentes”, explica.

“Pero también acuden a nosotros mujeres adultas por dificultades para tener relaciones sexuales, y durante la terapia descubrimos que fueron víctimas de abuso en algún momento de su vida”, añade.
Según la experta necesitan psicoterapia, además del apoyo del entorno, y el tratamiento depende del impacto que la experiencia haya tenido en ellas.
“La mayoría sufre trastornos físicos, pesadillas, falta de deseo, algunas sienten dolor durante las relaciones o no tienen orgasmos, otras rechazan cualquier situación sexual, o reaccionan de manera agresiva porque no pueden manifestar su malestar”, enumera.

“Pero no todas tienen sentimientos de culpa, o inhibiciones para con el sexo, y otras tienden hacia la hipersexualización”, remarca.
Recuperar el cuerpo
Pavan Amara fue víctima de abuso sexual durante la adolescencia. Ya adulta fundó en Reino Unido el proyecto My Body Back (Recuperar mi cuerpo).
La iniciativa cuenta con clínicas en las que llevan a cabo citologías a mujeres que sufrieron violencia sexual y no se atreven a acudir al ginecólogo, además de centros de maternidad especializados y grupos de lectura.
Pero a Amara también le interesaba trabajar otro ámbito para mejorar la vida de quienes pasaron por abusos: el del sexo.
Una mujer británica de 43 años que fue abusada por su padrastro desde que tenía 8, por ejemplo, contó en una sesión que trata de controlar su mente mientras tiene relaciones sexuales para evitar tener un flashback.
“Durante todo el proceso temo que me vuelvan los recuerdos e intento controlar la náusea, y en eso, me es imposible alcanzar el orgasmo”.
El proceso de Sandy, de 41 años, y quien fue violada por un amigo, fue muy distinto.
Tras el suceso, empezó a tener sexo “con todos los hombres que podía”.
“Para que vean la dimensión del asunto, una vez bajé al supermercado a comprar algo para cenar. Y termine acostándome con el cajero el mismo día y me las apañé para conseguir el teléfono del tipo que estaba colocando los productos en las estanterías, al que llamé al día siguiente para tener sexo”.
Café y vibradores
Hace dos años Amara se puso en contacto con Sh! Women’s Erotic Emporium, un sex shop de Londres sólo para mujeres que colabora con el Sistema Nacional de Salud (NHS) de Reino Unido para ayudar a mujeres a superar disfunciones sexuales.
“Nos envió una carta lindísima, nos reunimos con ella y planeamos nuevas maneras de ayudar a las sobrevivientes de violencia sexual”, le cuenta su fundadora, Renée Denyer, a BBC Mundo.
A partir de entonces, cada seis semanas organizan un evento llamado Café V, para mujeres víctimas de abusos que ya acuden a terapia profesional y están preparadas para explorar el sexo de nuevo.

“Son reuniones en las que hablamos de lubricación, de anatomía, en las que practican con una réplica (de los genitales)… Se trata de aprender a permitir el contacto sexual de nuevo, y a sentirse sexual y sensual”, explica Denyer.
“Muchos terapeutas y médicos nos mandan sus pacientes y hablamos en torno a una taza de café o té”.
En las reuniones hay plazas para 25 y siempre están llenas.
“En cuanto a los consejos que damos, depende del punto en el que se encuentre la víctima”, afirma Denyer.

Ofrecen, por ejemplo, un kit de dilatación, que consta de vibradores de varias medidas, el más pequeño del tamaño de la uña del meñique.
“Ayuda a relajar la vagina, y el objetivo es que la mujer vuelva a disfrutar de la penetración”.
“Yo empecé a dedicarle mucho al erotismo, antes que a la corporalidad”, explica ella.
“La cuestión es recuperar tu cuerpo para ti misma y reconstruirte como mujer”.

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3,5% de obesidad entre la población adulta

La lista de los 50 países del mundo con el índice de obesidad más bajo está poblada de naciones que luchan contra la pobreza, el hambre, la inseguridad o todo a la vez. Pero en el número 38, entre Mali y Zimbabue, destaca un país que no encaja con el resto del cuadro: Japón.

Con sólo un 3,5% de obesidad entre la población adulta, Japón es, de lejos, la nación desarrollada con el índice más bajo.

Si se compara con otros miembros del G8, el grupo de países con las economías más industrializadas del planeta, las diferencias son enormes: Alemania, Francia e Italia tienen entre 21% y 22%, Reino Unido un 26% y casi en el otro extremo de la clasificación mundial está Estados Unidos, con un 33,6%.
El nivel de obesidad de Japón es tan bajo que el gobierno prefiere planificar sus políticas de acuerdo con el nivel de sobrepeso, para que los números sean más altos.
En BBC Mundo hablamos con Katrin Engelhardt, experta en nutrición para la región del Pacífico Occidental de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sobre cómo Japón ha logrado mantener un nivel bajo de obesidad y sobrepeso en todas las edades de la población.
“Salud Japón 21”
Detrás del “éxito japonés”, destaca Engelhardt, hay un gobierno comprometido en sus políticas a mantener a raya el sobrepeso, invirtiendo recursos sustanciales en programas de nutrición y de educación para la salud pero también en leyes específicas.
Todas estas medidas forman parte de una campaña nacional para la promoción de la salud llamada Salud Japón 21.
Entre esas medidas, la experta en nutrición destaca dos leyes que han sido exitosas en frenar la obesidad.
La ley Shuku Iku, para la educación de los niños
“Esta ley tiene un nombre bastante profundo”, explica Engelhardt. Shuku hace referencia a la comida, a la dieta y al comer e Iku hace referencia a la educación intelectual, moral y física.
El objetivo de esta norma es incrementar la información de los estudiantes sobre la cadena alimentaria, sobre la procedencia y la producción de los alimentos, y define la educación sobre nutrición desde los primeros años pre escolares hasta secundaria.
La ley Shuku Iku, vigente desde 2005, determina procesos como:
 Los menús saludables en las escuelas.
 La contratación de nutricionistas profesionales que además tienen titulación de profesores y dan clases específicas sobre alimentación.
 La promoción de una cultura social alrededor de la comida: los niños ayudan a preparar y a repartir la comida en el colegio, cada día a la hora de comer transforman la clase en una suerte de restaurante, ayudan a poner la mesa, el mantel, se sirven unos a otros y comen juntos en la clase. Mantienen la idea de que “comer es un acto social”, dice Engelhardt.
Además, explica la experta en nutrición, en Japón no hay tiendas ni máquinas expendedoras de comida dentro de los colegios así que los alumnos difícilmente puedan conseguir tentempiés que no son saludables, como papas fritas o refrescos azucarados.
La ley Metabo, para controlar el peso en adultos

Otra legislación que Engelhardt destaca para explicar el éxito japonés es la ley Metabo (de metabolismo), que anima a los adultos entre 40 y 75 años a hacerse una medición anual del contorno de la cintura.
Según la OMS una circunferencia de mas de 94 para los hombres y de más de 80 para las mujeres conlleva un mayor riesgo de complicaciones metabólicas, como enfermedades cardiovasculares.
Estas mediciones las promueve la administración pública de salud pero también las empresas.
“Los empleadores tienen un día anual claramente identificado en el que todo su personal debe medirse la circunferencia de la cintura”, explica la experta de la OMS.
Si las medidas no son saludables las empresas animan a los empleados a acudir a sesiones de ayuda y a hacer más ejercicio.
El objetivo de la ley es animar a los adultos a ser más conscientes de lo que es un peso saludable y a ser físicamente activos. En el marco de la Ley Metabo:
 Las compañías promueven los descansos de los trabajadores para hacer ejercicio. Algunas compañías tienen gimnasios o canchas de badmington para que los empleados puedan hacer ejercicio fácilmente durante la hora del almuerzo o antes o después del trabajo.
 Se anima a los empleados a acudir al trabajo caminando o en bicicleta y el gobierno promueve la seguridad de las vías para ciclistas para facilitar el ejercicio.
Comida tradicional y porciones pequeñas
Pero además de las medidas legislativas, existen peculiaridades culturales que ayudan a los japoneses a mantener el peso a raya.
Igual que en otras sociedades asiáticas como Corea del Sur, -que también tiene un índice de obesidad muy bajo (4,6%), en Japón se le da mucha importancia a la comida tradicional.

Los japoneses están muy orgullosos de los pequeños terrenos y de las huertas suburbanas donde producen sus alimentos de manera natural.
“En algunas culturas asiáticas la comida siempre se ha considerado como algo casi medicinal”, dice la experta en nutrición.
Además, destaca un factor cultural que también tiene su impacto: la predilección histórica por las porciones pequeñas.
“En Japón en los eventos familiares, en la cocina tradicional, se sirven muchos platos en porciones pequeñas, con muchos vegetales y con mucha comida fresca”, explica Engelhardt.
Mientras que por ejemplo en las islas del pacífico que tienen los índices de obesidad más altos del mundo, Tonga, Palau, Nauru, Niue y Cook Islands (más del 40%), las porciones son gigantescas, y eso, además, se combina con un nivel de actividad extremadamente bajo.
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¿CUÁLES SON LOS PAÍSES DE AMÉRICA LATINA CON EL ÍNDICE DE OBESIDAD MÁS BAJO?
1. Haití:6,7%
2. Honduras: 12,3%
3. Bolivia: 12,4%
4. Nicaragua: 12,6%
5. Guatemala:13,4%
¿CUÁLES SON LOS PAÍSES DE AMÉRICA LATINA CON EL ÍNDICE DE OBESIDAD MÁS ALTO?
1. Argentina: 26,7%
2. Chile: 24,8%
3. México: 23,7%
4. Uruguay: 23,5%
5. Venezuela:21,9%

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"Vivimos en una caja de resonancia que sólo se escucha a sí misma",

La insistencia de Donald Trump en que quiere establecer mejores relaciones con Rusia amenaza con revolucionar la política exterior de Estados Unidos.
La apertura del presidente estadounidense hacia Vladimir Putin ha consternado a casi todas las autoridades de la política exterior en Washington.

Pero Trump no está solo. Esa disposición hacia Putin ahora la comparten algunos políticos europeos en Francia, Italia, Hungría, la República Checa y en otros países. Y no todos son de la extrema derecha.

No es posible que todos sean agentes del Kremlin. Entonces, ¿por qué tantos están atraídos por Putin en Occidente?
Hace tiempo, dos políticos, uno estadounidense y el otro ruso, unieron sus manos a través de la mesa de un bar. Y ambos empezaron un duelo de vencidas (un pulso). Pero no se trataba de una competencia real.
El duelo terminó en un segundo y el ganador fue el vicealcalde de San Petersburgo, un hombre que había estado incrementando su fortaleza física tras años de entrenamiento de judo.

Pocos fuera de Rusia habían oído hablar de él. Pero cinco años más tarde se convertiría en su presidente.
El congresista estadounidense Dana Rohrabacher todavía se ríe cuando recuerda su breve duelo con Putin, en 1995, cuando el ruso hizo una visita con una delegación oficial.
A favor de la distensión
Desde entonces no se ha vuelto a reunir con Putin. Pero durante muchos años Rohrabacher ha sido la voz más consistente en Washington a favor de una distensión en las relaciones con Rusia.
En realidad, ha sido una minoría de uno.
“No veo a Putin como un buen tipo. Lo veo como un mal tipo. Pero no todos los malos tipos del mundo son enemigos a quienes debemos frustrar y derrotar”, dice el congresista Rohrabacher.
“Hay muchas áreas en las que éste sería un mundo mejor si trabajáramos juntos, en lugar de este bombardeo constante de hostilidad dirigido a cualquier cosa que los rusos estén tratando de hacer”.
Rohrabacher no aprueba el hackeo ruso durante la campaña electoral estadounidense o las incursiones militares del Kremlin en Ucrania.
Pero cree que Rusia es víctima de los estándares dobles de Occidente.
Y esa es una visión que comparten algunos expertos occidentales en Rusia, aunque la vasta mayoría subraya lo agresivo que se ha vuelto el país bajo el presidente Putin.
Richard Sakwa, profesor de política rusa y europea de la Universidad de Kent, en Inglaterra, forma parte de la minoría.

“Vivimos en una caja de resonancia que sólo se escucha a sí misma”,dice.

“El meme clave es ‘agresión rusa’ y éste se repite hasta el cansancio en lugar de pensar”.
“Cuando se trata de nuestros intereses nacionales, es bueno. Pero cuando Rusia trata de defender sus intereses, es ilegítimo, es agresivo, y es peligroso para el resto del mundo”.
“Evidencia”
La anexión de Crimea y el apoyo militar a los separatistas en el este de Ucrania por parte de Rusia se ha tomado extensamente como evidencia de que Putin busca extender las fronteras de su país.
Pero el profesor Sakwa considera a la crisis de Ucrania como un síntoma del fracaso tras la Guerra Fría para establecer un nuevo sistema de seguridad internacional que incluya a Rusia.
Mientras tanto, Stephen Cohen, profesor emérito de estudios rusos de la Universidad de Nueva York, argumenta que el “vilipendio” del presidente Putin en Occidente se desprende originalmente de la decepción cuando el líder ruso le volteó la espalda a algunas de las reformas de su predecesor, Boris Yeltsin, inspiradas en Occidente.
“Putin es un europeo tratando de dirigir un país que es sólo parcialmente europeo”, afirma Cohen.
“Pero nosotros exigimos que todo el mundo marche a ritmo de nuestro reloj histórico”.
El profesor Cohen es una rara voz liberal a favor de la distensión.
La mayoría de los estadounidenses que quieren mejores relaciones con
Algunos son “neoaislacionistas” a quienes les disgusta lo que ven como intentos de su país de “exportar democracia”, ya sea hacia Irak, Siria o Rusia.
En eso están de acuerdo con el Kremlin, que se opone a cualquier interferencia exterior en los asuntos de Estados soberanos.
“Esferas de influencia”
Otros son “realistas estratégicos” que argumentan que las grandes potencias, incluida Rusia, siempre tendrán “esferas de influencia” más allá de sus fronteras.
En Estados Unidos, la doctrina Monroe buscó evitar la participación militar y política exterior en el Nuevo Mundo.
El argumento opuesto es que los Estados independientes tienen el derecho de pertenecer a cualquier alianza que deseen.
La mayoría de los antiguos países del bloque soviético en Europa del este se unieron a la OTAN y la Unión Europea después de la Guerra Fría.
Y algunos líderes actuales y pasados de estos Estados han advertido a Trump que cualquier intento de negociar con Putin podrían poner en riesgo la seguridad de la región.
Pero un gobierno de Europa central, Hungría, tiene una posición distinta.
“No vemos a Rusia como una amenaza para Hungría”, dice el canciller, Peter Szijjarto. “Si Rusia y Estados Unidos no pueden trabajar juntos en asuntos globales, eso socavará la seguridad de Europa del este”.
Hungría también desea poner fin a las sanciones que Occidente impuso contra Rusia después de su anexión de Crimea.
Dice que éstas son contraproducentes, porque han conducido a que Rusia responda con sanciones que han dañado a las industrias de exportación europeas.
Peter Toth, jefe de la asociación húngara de criadores de cerdos mangalica, cuya grasa es muy apreciada en Rusia, dice que sus miembros están entre los perjudicados.
“Valores cristianos”
Pero el gobierno húngaro, que ha sido extensamente criticado por limitar parte del sistema democrático de separación de poderes, también comparte otros intereses con Rusia.
El primer ministro, Viktor Orban, ha dicho que Europa debe mantener sus “valores cristianos” ante la inmigración de países musulmanes.
El Kremlin también ha resaltado en su retórica la necesidad de preservar la identidad nacional y los valores cristianos, lo que ha llevado a que nacionalistas en Occidente vean a Moscú como un aliado.
Muchos, particularmente en la derecha, creen que la amenaza de la inmigración masiva y el terrorismo es ahora mayor que la amenaza de Rusia.

El congresista Rohrabacher expresa: “Decir que Rusia es el enemigo, cuando ellos también están amenazados por el terrorismo radical islamista, es precisamente el camino equivocado”.
Argumentos con ese que, reforzados por el presidente Trump, parecen estar influenciado a algunos estadounidenses.
Para fines del año pasado, más de un tercio de los electores republicanos veían favorablemente al presidente Putin, según un sondeo de YouGov, comparado con sólo una décima parte en 2014.
Sin embargo éste encontró a los demócratas les disgusta Putin hoy más que nunca.
El profesor Stephen Cohen cree que Donald Trump tendrá una enorme dificultad para vender una nueva política sobre Rusia.
“Si Trump dice que necesitamos una distensión con Putin por el bien de nuestra seguridad nacional”, afirma, “será muy difícil lograr que la gente de centro e izquierda lo apoyen, porque se les llamarán apologistas de Putin y de Trump. Es un doble revés”.