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Están fuera de control”: cómo opera “la migra”, la temida policía de inmigración en EE.UU. que Donald Trump fomenta

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Los agentes aguardaban a otras personas. Pero cuando vieron a Hernández subir a una camioneta que lo pasaba a buscar con otros obreros hispanos, fueron detrás de ellos.

Antonio Hernández sabe lo que es ser seguido y capturado por “La Migra”, apodo con el que se conoce al Servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés).
Este mexicano de 53 años cayó por puro azar en la red de los agentes del ICE el 13 de enero, cuando salía de su apartamento en Louisville, Kentucky, a las 7 de la mañana para ir a trabajar como carpintero de construcción.
Los agentes aguardaban a otras personas. Pero cuando vieron a Hernández subir a una camioneta que lo pasaba a buscar con otros obreros hispanos, fueron detrás de ellos.
Encendieron las sirenas de sus vehículos, que lucían como de particulares. Detuvieron la camioneta y se identificaron como efectivos del ICE. Les exigieron sus documentos, portando armas.
Hernández no tenía papeles estadounidenses, porque había ingresado de forma ilegal al país cuatro años antes, cruzando a pie la frontera de Nuevo Laredo, México.
“Cuando oí que eran agentes de migración y les vi la placa en el pecho, dije: ‘Pues ya, aquí se acabó todo'”, recuerda en diálogo con BBC Mundo.
“En un momento así, de minutos, se acaban todos tus sueños”, señala. “Vivimos con el temor constante de que va a llegar ese momento”.
Hernández fue arrestado, esposado y enviado a diferentes cárceles del país. Finalmente lo deportaron a México, apenas con lo que llevaba aquella mañana: su ropa sucia de trabajo y unos US$10 en la cartera.
En los 45 días que pasaron entre su arresto y deportación, hubo un cambio presidencial en Washington.
Y el nuevo presidente, Donald Trump, dio rienda suelta a “La Migra” para capturar y expulsar de EE.UU. a más inmigrantes sin papeles como Hernández.
Según el gobierno, esa fuerza policial es crucial para cumplir las leyes migratorias y proteger la seguridad nacional. Pero otros opinan que sus agentes han ganado con Trump un poder excesivo que está “fuera de control”.
“Quitarles las cadenas”
El ICE fue formado menos de dos años después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, como parte del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense.
Reunió desde recursos de inteligencia hasta centros de detención y, con más de 20.000 empleados en 47 países, es considerada la segunda mayor agencia de investigación criminal en EE.UU., apenas detrás del FBI.
Su presupuesto anual suma aproximadamente US$6.000 millones y Trump quiere incrementarlo.
El presidente ha señalado su intención de contratar 10.000 nuevos funcionarios del ICE, en cuyas filas ya abundan exmilitares y antiguos miembros de otras fuerzas policiales que han pasado por entrenamientos, exámenes y un breve curso de español para ingresar.
Un cambio clave que ha implementado el gobierno de Trump fue acabar con el rango de prioridades que la agencia tenía durante la presidencia de Barack Obama, el cual daba preferencia a la deportación de inmigrantes que hubieran cometido delitos graves.
La idea fue “quitarles las cadenas” a los hombres de ICE -como dijoel secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer- para capturar y deportar extranjeros indocumentados aunque carezcan de antecedentes criminales.
“Todos los que violan las leyes de inmigración pueden estar sujetos a arrestos de inmigración, detención y, si son hallados removibles por orden final, a la expulsión de Estados Unidos”, señala Jennifer Elzea, portavoz del ICE, en un correo electrónico a BBC Mundo.
Los funcionarios de inmigración que hace tiempo reclamaban más libertades para actuar han aplaudido las órdenes ejecutivas de Trump en esta materia.
“La moral entre nuestros agentes y oficiales aumentó exponencialmente desde la firma de las órdenes”, indicaron los sindicatos de miembros del ICE y de la Patrulla Fronteriza en un comunicado conjunto a fines de enero.
Y hay varias señales de que, desde entonces, “La Migra” se ha encargado de aprovechar el viento a su favor.
“Inculcar miedo”
Las historias de operativos y arrestos polémicos por parte del ICE son cosa de cada día en un país como EE.UU., donde viven 11 millones de inmigrantes sin papeles, en su mayoría latinoamericanos.

En Los Ángeles detuvieron a un hombre que acababa de dejar en la escuela a una de sus hijas, en presencia de otra que filmó llorando cómo se lo llevaban.
En Texas arrestaron a una mujer dentro de un juzgado donde había ido a pedir protección contra violencia doméstica. Y en Houston detuvieron a un propietario de camiones de venta de tacos bien conocido por la comunidad local.
Estos y otros casos en las últimas semanas levantaron protestas de políticos y activistas que creen que el ICE está enviando un mensaje de miedo a los inmigrantes.
“Están fuera de control, porque ahora pueden ir a iglesias, hospitales, escuelas, a donde les dé la gana”, dice a BBC Mundo el congresista demócrata Luis Gutiérrez, quien este mes llegó a ser esposado momentáneamente en una oficina del ICE en Chicago, donde exigía información de posibles deportaciones de inmigrantes.
A su juicio, el gobierno considera imposible expulsar a los 11 millones de indocumentados y busca “inculcar miedo, terror” en ellos, para que se vayan de EE.UU. por cuenta propia.
“¿Y quiénes son sus agentes principales para lograr esta meta? Los agentes del ICE, a quienes les han dicho: ‘Vayan, busquen y destruyan familias de inmigrantes, sin importar si son elementos dañinos, criminales'”, afirma Gutiérrez en conversación con BBC Mundo.

Elzea, la portavoz de ICE, asegura que la agencia actúa de formade acuerdo a la ley. También negó que se realicen redadas contra inmigrantes de forma “indiscriminada”.
Pero evita responder de forma más directa preguntas de BBC Mundo sobre cómo ha cambiado la tarea del ICE con el gobierno de Trump o si los reportes recientes de arrestos de transeúntes que pasan casualmente durante redadas o de personas en juzgados reflejan la nueva estrategia de la agencia.
“Trabajo de barredera”
Los cuestionamientos a la policía de inmigración están lejos de ser una novedad en este país.
Durante el gobierno de Obama hubo reportes de más de medio centenar de personas que murieron bajo custodia del ICE por diferentes motivos, desde suicidio hasta cuidado insuficiente de salud, aunque Elzea afirmó que todos los detenidos reciben atención médica.
Con unos 2,5 millones de inmigrantes expulsados del país durante sus dos mandatos, Obama se ganó el apodo de “deportador en jefe”.
Muchos esperan ahora que Trump pase ese récord, aunque hasta el momento no hay cifras oficiales que confirmen que el flujo de deportaciones aumentó significativamente con el nuevo gobierno.
La retórica anti-inmigrante de Trump, su promesa de detener y deportar hasta tres millones de extranjeros y su decisión de darle más poder a ICE colocaron el foco sobre esta fuerza que solía actuar discretamente.

Por orden del presidente, esta semana la agencia comenzó a publicar una polémica lista de presuntos crímenes cometidos por extranjeros sin papeles y de ciudades de EE.UU. acusadas de desatender los pedidos de sus agentes.
Una de esas ciudades “santuario” de inmigrantes, Los Ángeles, ha llegado a reclamar que los efectivos del ICE eviten presentarse en sus operativos como “policía”, aunque puedan hacerlo por ley, para prevenir que perjudiquen la relación de los policías locales con la comunidad.
Ahora desempleado en México tras su deportación, Antonio Hernández dice que era consciente de que vivía de forma irregular en EE.UU., pero insiste en que carecía de antecedentes criminales.
Su arresto fue por “violaciones de inmigración”, explica el ICE en un comunicado enviado a BBC Mundo, afirmando que Hernández ya había sido deportado previamente en 2013 y, al ser detenido en enero, fue restablecida su orden de remoción.
En la agencia se considera que cualquiera que reingresa a EE.UU. tras ser deportado comete un delito grave, punible con hasta 20 años de cárcel si fuera condenado.
Hernández cree que ya no volverá a ver a su hijo y sus nietas que quedaron al norte del río Bravo, y aun trata de explicarse por qué lo atraparon aquella mañana rumbo a su trabajo.
“Entiendo que es el trabajo que ellos tienen. Pero ellos iban por otra persona. Están agarrando parejo, haciendo un trabajo de barredera”, dice. “Es lo que no alcanzo a entender”.

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